Porque se llama Santa Muerte

Cuando el culto empezó a masificarse, una de las discusiones que surgieron se relacionaba con el término
“Santa Muerte”, pues desde una concepción católica éste se deriva de la imagen de la
buena muerte o la representación gráfica en que se plasma la imagen de un moribundo
que se debate entre el bien y el mal, cuyo arrepentimiento dará al agonizante una
“buena muerte” o una “muerte santa”.

Las cofradías católicas  buscaban la Buena Muerte cuando en el siglo XIV la peste diezmaba de manera considerable a la población europea.

 Elsa Malvido, en su estudio iconográfico “Crónicas de la Buena Muerte a la Santa Muerte en México”, lleva a cabo un impresionante repaso histórico de la presencia de esta figura entre el medioevo y la actualidad, retomando el rito popular de la Santa Muerte. Malvido señala que hay cinco expresiones emblemáticas de la Muerte en la tradición católica, cada una con su historia propia: la Buena Muerte, la calavera cruzada por dos fémures, la calavera simple, la Danza Macabra y la Santa Muerte, y asegura que la referencia más antigua que hay de ésta en la historia católica cristiana está en la Biblia, donde se señala que ésta nació cuando Dios castigó a Adán y a Eva expulsándolos del Paraíso en el que hubieran sido inmortales. De hecho, la palabra muerte, según San Agustín, proviene del verbo latino morsu, que significa morder, precisamente lo que Adán hizo con la manzana el día que cometió el pecado original.1

Para los devotos de la “señora de la finitud”
esta imagen no tiene relación alguna con la resignificación que ellos le dan al símbolo
occidental de la muerte. 

En este paso de “la muerte santa” a la Santa Muerte existen elementos a destacar,
pues en originen las primeras imágenes que se adoraron como parte del culto a la hoy
llamada Señora Blanca fueron directamente aquellas utilizadas en la época medieval: el
esqueleto vestido con un sayal, en cuya mano diestra porta el mundo y en la siniestra
la guadaña, acompañada de un búho y un reloj de arena. En su construcción actual
ha adquirido nuevas características, pues ya no sólo se le representa en una imagen,
sino que también es un objeto recreado en forma masiva, al igual que otras imágenes
religiosas, y por ende manipulable. En cuanto a la imagen original de la muerte, se
crea a la Santa Muerte, es decir, un esqueleto femenino con cabellos largos y vestidos
ampones.

Las diferencias son claras entre aquellos que toman para su culto la imagen original
de la muerte y los que le agregan atributos propios de la Santa Muerte, ya que
esta última es una figura considerada femenina, por lo que tales cabellos y vestidos se
superponen a los elementos originales del símbolo mortuorio –la guadaña, el mundo,
etcétera–. Esto no significa que ambas no sean vistas por los fieles como las mismas,
pues la Santa Muerte no es sólo la imagen, sino también la percepción que de ella
poseen sus devotos.

Al apreciar tales diferencias, que desde el sentido común resultan distinguibles,
existe algo más profundo cuando la percepción social hace que un símbolo determinado
como el de la muerte se tome como un referente de culto y se le construya
de manera santificada. Este proceso también encierra el paso de ser un símbolo
representado a un objeto manipulable, pues una imagen sólo puede ser apreciada
por la vista y la percepción, pero un objeto es susceptible de ser tocado, moldeado
y manipulado. De este modo la Santa Muerte es también un objeto que se puede
personificar con materiales variados, rostros, lenguajes corporales y atuendos. En
efecto, la Santa Muerte constituye una imagen representada en cuadros, carteles y
pinturas, en los cuales no se pueden moldear ni manipular, pues los soportes en sí
mismo ya tienen una forma. En cambio, a una imagen en bulto se le puede vestir,
decorar y poseer de modo más directo, a fin de que satisfaga más a la percepción. 2